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Las Personas Que Comen Deprisa... Multiplican por Tres el Riesgo de Sobrepeso!




Las personas que comen deprisa y hasta que se sienten llenas
multiplican por tres el riesgo de sobrepeso

Comer rápido y terminar saciado en cada comida hace que una persona
tenga más probabilidad de sobrepeso e, incluso, de obesidad. En una
sociedad en la que los hábitos alimentarios están cambiando, los
expertos están de acuerdo en que es necesario fomentar la educación
nutricional, sobre todo en los más pequeños, para detener la epidemia
de la obesidad. La forma insana que tenemos de comer es un hábito
adquirido en la infancia que podría cambiarse, aunque no sea fácil.

* Autor: Por TERESA ROMANILLOS
* Fecha de publicación: 21 de noviembre de 2008

Los expertos ya sospechaban que comer con voracidad no era un hábito
saludable. "Come despacio y mastica cada bocado 20 veces", promulga el
dicho popular. Ahora, una investigación realizada en Japón demuestra
que esto es cierto. Para el estudio se ha contado con una muestra de
3.287 individuos de entre 30 y 69 años de edad, a los que se interrogó
sobre sus hábitos alimentarios haciendo hincapié en la velocidad a la
que solían comer (se debía elegir entre muy lento, lento, medio,
rápido y muy rápido). También se preguntó si, de forma habitual,
comían hasta saciarse y se determinó el peso ajustado por la altura
(índice de masa corporal, IMC).

Demasiado rápido

Cerca del 50% de los participantes reconoció comer hasta sentirse
lleno, y un 45,6% de los hombres y el 36% de las mujeres afirmaron que
comían de forma muy rápida. Los resultados mostraron que tanto los que
comían con rapidez como los que lo hacían hasta hartarse multiplicaban
por dos la probabilidad de ser obesos, pero que cuando se daban ambas
cosas a la vez, el riesgo todavía se incrementaba más. Los individuos
que comían rápido y hasta sentirse llenos ingerían un mayor número de
calorías, tenían un mayor peso y tres veces más probabilidades de
tener sobrepeso en comparación con los que comían pausadamente y sin
saciarse.

Estudios previos ya habían demostrado que tomar los alimentos a mucha
velocidad y saciarse en cada comida provocaba sobrepeso. Sin embargo,
esta investigación ha dado otro paso adelante al comprobar que cuando
están presentes a la vez ambos hábitos, el riesgo de sobrepeso se
multiplica.

Los mecanismos de la saciedad

La regulación del apetito es un proceso complejo del que cada vez hay
más información. Las anomalías en los sistemas que le indican al
cuerpo cuándo hay que dejar de comer parecen ser en parte responsables
de algunos casos de obesidad. Cuando comemos, la distensión gástrica
es una de las primeras señales de saciedad. Esta señal es transmitida
por el sistema nervioso vegetativo hasta el hipotálamo, centro
regulador que se encuentra en el cerebro.

Si consumimos muy rápido los alimentos, no damos tiempo al estómago
para que envíe la señal de saciedad, por lo que se ingiere una mayor
cantidad. El apetito, como la mayoría de los procesos del organismo,
también está regulado por hormonas. Además de la insulina, una de las
primeras en ser identificada fue la leptina, que se produce en el
tejido adiposo y tiene propiedades supresoras del hambre. Más tarde
fue la grelina, conocida como la "hormona del hambre" por su función
opuesta: aumenta el apetito.

Más hormonas involucradas

La colecistokinina también es una hormona de la saciedad secretada por
células duodenales en respuesta a la presencia de alimentos, sobre
todo de grasas. Se cree que actúa inhibiendo el vaciado gástrico, lo
que contribuye a tener sensación de estar lleno. El péptido intestinal
YY (PYY), sintetizado en la porción distal del tracto digestivo y en
el sistema nervioso central y periférico, es otra de las hormonas que
intervienen para regular lo que comemos.

Más recientemente se ha descubierto la obestatina, que también regula
el peso y la ingesta de alimentos, y la oxintomodulina, secretada por
unas células de la mucosa del estómago y que actúa suprimiendo el
apetito. El sistema nervioso también juega un importante papel en la
regulación del apetito. En el hipotálamo, una estructura situada en el
cerebro, se encuentra el centro del hambre y de la saciedad. Diversas
sustancias de las mencionadas antes actúan sobre estos núcleos.

La sensación de saciedad también parece que, de alguna manera, está
genéticamente determinada. Un estudio efectuado por científicos
británicos ha puesto de manifiesto que el FTO, un gen que se relaciona
con la obesidad, actúa inhibiendo la sensación de saciedad.
Investigadores del University College y del King's College, de
Londres, examinaron a 3.337 niños entre los 8 y 11 años para estudiar
si los que eran portadores de la variante de alto riesgo del gen
tenían el apetito alterado. Los resultados mostraron que el gen sí que
actúa sobre el apetito, y que los niños con dos copias de la variante
de alto riesgo tenían más dificultad para sentirse saciados después de
comer.

ACTUAR SOBRE EL APETITO

Es indudable que los hábitos alimentarios están cambiando. Las
sociedades del bienestar tienen a su disposición gran cantidad de
comida, muy elaborada y de fácil preparación. Disponemos de poco
tiempo y a menudo comemos rápidamente. Cada vez hay menos familias que
comen juntas y más niños que lo hacen solos delante del televisor.
Cada vez se hace más énfasis en la importancia de los hábitos
alimentarios como una de las claves en la epidemia de obesidad,
remarcando la importancia de trabajar para fomentar una alimentación
saludable en los niños, como comer de forma lenta, mediante raciones
adecuadas y en familia.

De la misma manera, la forma en que comemos está siendo una de las
áreas clave en la investigación de la obesidad. También se están
estudiando tratamientos que incorporen sustancias que favorezcan la
sensación de saciedad. En este sentido se dirige una investigación
británica, del Imperial College de Londres, para desarrollar un
fármaco con una hormona saciante, el polipéptido pancreático. Su
objetivo es elaborar un tipo de medicamento que pueda absorberse por
la boca para poder introducirlo en un chicle.

Otra opción sería administrarlo a través de un inhalador nasal. Los
primeros ensayos han mostrado resultados satisfactorios: dosis
moderadas de esta hormona pueden reducir de un 15% a un 20% la
cantidad de comida ingerida. Probablemente, el comer rápido es un
hábito adquirido en la infancia que podría cambiarse, aunque no sea
fácil.

Cómo comer despacio

Algunos pequeños consejos pueden ayudar a evitar comer de forma rápida
hasta la saciedad:

1. No saltarse las comidas y hacer un pequeño tentempié a media mañana
o a media tarde. Esto evita llegar a la mesa con mucha hambre.
2. Comer despacio y en ambientes tranquilos, sin distracciones, como
la televisión.
3. Elegir alimentos que necesiten más tiempo de masticación, como
ensaladas y verduras, en lugar de purés.
4. Esperar un poco entre la comida y el postre. En la mayoría de los
casos, el postre ya no se toma porque aparece la sensación de saciedad

Ana Maria Reyes & Germán Morales
DIstribuidores Independientes HERBALIFE
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South America
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